Maldita seas en la ignorancia

Palideces en la ignorancia, maldecida; sumergida en la inmundicia que rodea tu existencia.

Tu débil voz dibuja dolor en el aire que y tu tenue reflejo, casi invisible, se esfuma como vapor en un ciclo sin fin… Una camino de tormentos por la maldición de nacer en la oscuridad y ser nada.


Espontáneo y momentáneo

Podrá ser fácil relacionarse con desconocidos, podrá surgir un interés mutuo de conocerse el uno al otro, pero mantener el lazo es complicado.
Alguna vez escuché que los amigos se cuentan con los dedos de las manos (e inclusive, sobraban), también me dijeron que en este campo de acción conocido como periodismo no se puede tener amigos.
Siempre me han gustado las excepciones y me gusta confiar en los demás, las segundas oportunidades (o terceras) y dar más de mí de lo que cualquiera pueda esperar. Y así como he sido desleal, en momentos de egoísmo, también he sido lo contrario, intentando ver siempre lo bueno de las personas y omitiendo sus defectos. Pero a veces simplemente es imposible; a veces las personas te demuestran, con un sencillo gesto, que ahí no hay nada.
Es cuando sin decir adiós, te despides y no miras nunca hacia atrás.


Fugaz 

Hay olores y sabores muy peculiares, como el tuyo; se impregna en la piel, en la ropa y se aferra a mis sentidos.
Pero al amanecer, tu esencia tan suave y cálida, se evapora… y nuevamente mi agitado ser, en cada noche de insomnio, desea tenerte.


La innecesaria máquina del tiempo

Así es. En mis noches viejas, cubiertas de insomnio, soñaba con encontrar ese camino de regreso, o tal vez un artefacto, para cambiar todo, arrancarlo de raíz.

Hacer las cosas diferentes, evitar esas frases que intencionalmente dije e imprudentemente hirieron mentes débiles de seres fugaces, con breves espacios en mi trayecto aún sin fin.

No lo entiendes hasta que después de cien tragedias, mil caídas y un millón de lágrimas, se convirtieron en la roca que se impulsó al frente impidiendo una mirada hacia atrás.

Te ves al espejo y lo notas, aún sin admitirlo, intentas sentirte errada, para justificar el nuevo paso, pero es innecesario, ya no es relevante, solo trasciende lo que se ve en el horizonte, no más, no menos.

Para mi duende favorito (lo sabes).


Regreso intermitente desde la nada

Juegas a enfrentarte a la verdad, sueñas que luchas por mantenerte de pie ante la inmundicia de las mentiras y la hipocresía que te rodea, pero te desmoronas y te arrastras por el viento, te dispersas en la nada y ahora eres eso mismo.
Te desgarras y te desgastas, pierdes el aliento y el color día con día; no es el tiempo tu enemigo, ni la soledad ni el hastío, es el vacío interior que se aferra a la vana idea de ser.


Sentimiento abandonado (humillado, lesionado)

Sí, me siento extraña. Me extraño y te extraño.

Cuando vagas por un espacio y tiempo determinado, encarcelado con una bomba de tiempo, una infinidad de sensaciones invaden tu cuerpo y mente. Hastío, desesperanza, intranquilidad, ansiedad, resentimientos, y todo lo contrario; se mezclan como en una licuadora encendida, que luego se apaga y mientras algunos ingredientes se van asentando, otros quedan a la deriva, en un sucio y casi transparente líquido; para luego encenderse de nuevo, apagarse, etcétera, hasta que la energía se acaba.


El agrio sabor de tu ignorancia

En tu honor, ignorante C.

En tu honor…

Hay quienes prefieren vivir en la oscuridad, ocultos bajo una media sonrisa (falsa) y una mirada sobria que lo único que expresa es temor.

Es la anterior la definición de tu reflejo, ese que conoces a la perfección y te avergüenzas de serlo.

En las sombras, podrás parecer firme pero eres solo polvo humedecido en el hielo, que con el tiempo se desvanece y en lodo se va convirtiendo.

Por ende, te encierras en el silencio, cubriendo tus ojos y oídos para no percibir lo que está sucediendo.

Y aunque parezcas tranquilas, tu mente es un mar sin calma, gris y muerto.

No, no quisiera ser ella, no quisiera ser tú, con la incertidumbre de qué fue en el ayer, la pregunta que te haces todos los días y temes responder.


La vanidad del de arriba sobre el de abajo

El tiempo es perfecto. Así cómo el funcionamiento de un reloj o el motor de una aeronave, creados por el hombre para la satisfacción del mismo, nuestro tiempo se estableció para cumplirse de una manera tan extraordinaria que no logramos comprender; sólo hasta el momento indicado recibimos la luz que nuestro camino necesita, o en su defecto, la sombra.

El tiempo es distinto arriba y abajo: arriba las nubes corren como la corriente del río, cuando desde abajo parecen quietas como las hojas de un árbol viejo.

Abajo el tiempo es lento, parece no tener fin hasta que, claro, acaba (para unos, e inicia para otros… el maldito ciclo).

Desde arriba no existen formas, todo es etéreo y sublime. Somos nada en un todo, en el infinito. Hay belleza, hay plenitud, una multitud de colores alrededor.

Desde abajo la gravedad pesa más, se afianza de las cadenas que nos entrelazan a unos con otros y no nos dejan volar.


Insomnio, o el sobrio vicio de mantener los ojos muy abiertos

La adictiva sensación de permanecer despierta por las noches escudriñando entre la zahúrda de mis pensamientos y la agrietada y descolorida pared de emociones que construí para evitar las piedras que alguna vez lancé al fuego y hoy se regresan directo a mi cara, cual karma en mi vida; se van clavando y agrietando más el muro, como las balas perforando el blindaje de un oscuro chaleco o mis lágrimas humedeciendo tu camisa añil de algodón. 

Y conforme el pasar de las horas, la humedad se expande al suelo y mi frente ya hecho polvo, me cubro con la desnudez de mis sentidos, me seduce el viento y me convierto en otra. 

Inhalo y exhalo un nuevo amanecer. 

 


La memoria cruel

En las mañanas me despierto por un reflejo, ese mecanismo de defensa que tiene la memoria para sobrevivir el día a día: que el amanecer viene junto con el sol, la lluvia moja las banquetas y la noche puede estar decorada con estrellas si no hay tormentas en el contexto, pero mi cotidianidad aun se tortura con una experiencia basada en mentiras, basada en la nada. 

Es como la construcción ensalitrada de una casa vieja en la playa, que se moja y desmorona milimétricamente cada que las olas golpean contra las rocas que se colocaron alrededor para intentar fortalecer la infraestructura (en vano).

Así es ese reflejo cruel, ese mecanismo de defensa que tiene el ser humano para recordar que después de la noche viene el día; asi, ese cruel reflejo, me recuerda todas las mañanas que te quise y te querré, y aunque intenta engañarme con una frase vacía, cada momento registrado en mi memoria asesina fríamente esa sensación.


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